Entre el mundo de hormigón y el indivisible sueño
se encontraban bajo la sombra los recuerdos
si quizás era tan tarde para dar un paso, o era tan temprano para remediarlo
eran hechos sin final, al son de los pesares de la memoria fugaz
miles de estrellas, una a una cuentan que del saber a la razón
no queda más que el rencor.
El odio anatómico, el odio emocional
como una bolsa de aire, explota sin más fin
que poder herir algunos absurdos agujeros, que al terminar
se volvían remiendos...
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