El viejo reloj que siempre iba tan deprisa, tan odioso y empeñado
se detenía con tal gentileza y presición...
Bordeaba los pensamientos sin ninguna intención
era la perfecta ocasión, para enseñarle al espejo que entre tanta sombra
había una luz en la sonrisa que entre letras surgía.
Equilibrio universal, tan piadoso como siempre
regalándole a este sumiso corazón, ilusión...
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